lunes, 26 de diciembre de 2016

Un encuentro extraño

Desde hace años, con más o menos variantes, camino el mismo trayecto de ocho o diez cuadras desde que bajo del transporte hasta llegar al trabajo. Cuando llego, a la vuelta de la parada de colectivos hay un colegio judío y sentado en el umbral de una de las casas adyacentes al colegio suele haber un judío contando dinero. Plata chica, siempre billetes de $2 y de $5. Más de 60 años, ojos claros, ropa raída, pero siempre limpio Una de las cosas que me llamó la atención de este señor es el respeto con el que todos le hablan. Supuse que era algún personaje típico de la colectividad judía y después de tanto tiempo de verlo terminó por resultarme simpático.

A mi madre le diagnosticaron cancer en el pulmón y en el mediastino. Muchos años de fumadora, muchos años de angustia, tal vez... sólo muchos años. El caso es que el tratamiento lo hace en una clínica, a una cuadra del colegio en el que suelo ver al señor que cuenta dinero.

Hace un par de semanas, caminaba mi recorrido al trabajo, mirando al suelo, metido en mis pensamientos; las cosas que hay que pagar, la quimioterapia, la incertidumbre, el 2016 que va cobrando vidas y que no veo la hora de que termine, etcétera.

Un billete de $5 cae hasta el piso. Un hombre mayor detiene su andar y se dispone a doblar su espalda para recogerlo. Me apuro, lo levanto y se lo doy. Me mira fijo, con sus ojos claros, su kipá y sus pantalones raídos.
-- No, tenelo vos. Si se escapó es porque no quería estar conmigo. Es tuyo. 
-- Gracias - Le dije. Y mi agradecimiento era más por darme algo fresco en que pensar que por el dinero en sí. Más por sacarme de ese rumiar de problemas que por el valor del billete.
-- Gracias. Hace muchos años que paso por acá y siempre lo veo.
-- Y espero que me veas muchos años más. Hoy es un día especial para mí. Cumplo 72.
Lo abracé y le dije --Felicidades. Por muchos años más.
Me tendió otro billete de $5 y me dijo -- Este es el hermano gemelo de ése que te di. Y siempre van juntos.
Volví a agradecerle, a felicitarlo y seguí mi camino reinsertándome lentamente en mi propia rutina, secándome las lágrimas mientras pensaba en lo extraño que es el mundo.