viernes, 25 de enero de 2013

Ataque japonés


Entre diciembre y lo que va de enero me he dedicado a leer autores japoneses. Llevo ya varios años fascinado por su cultura, sus costumbres y su manera de ver el mundo. Su escritura me resulta simple, con historias sencillas, pero de una gran profundidad.
A Yukio Mishima lo encontré por casualidad y aburrimiento en la biblioteca de un centro cultural de barrio. Había entrado en una de esas épocas en las que nada me llamaba la atención y el título "El pabellón dorado", tampoco me entusiasmó. Sin embargo, al leer el nombre del autor pensé que me haría bien salir del círculo Kawabata-Murakami en el que estaba encerrado. Quedarme con ganas de leer otras cosas de este autor era el resultado esperado.
Mientras tanto, hice un canje en una librería cerca de mi casa y le dejé al librero varios libros de tejido y de cocina a cambio de "Al sur de la frontera, al oeste del sol" de Haruki Murakami y un par más que todavía no toqué. La verdad es que esta vez, me decepcionó. Esperaba la intensidad de "Sputnik Sweetheart" o los personajes encantadores de "Tokio Blues", sin embargo me encontré con un protagonista que me resultó desagradable y cuyas decisiones me parecían una tontería tras otra, urdidas para hundir al pobre tipo en la miseria humana y a ver cómo hace Mr. Murakami para sacarlo de ahí. Pasada la mitad del libro supuse que algún personaje femenino haría de heroína y rescataría a nuestro penoso amigo en las dos últimas páginas del libro. Y no me equivoqué.
Devolví a Mishima a la biblioteca y me llevé a Kenzaburo Oe; otro autor que no conocía y que elegía para salir del circuito antes mencionado. "Una cuestión personal" me pareció impecable. Crudo y sin embargo, muy humano. Buceando un poco en su historia me di cuenta de que el señor Oe sabe de lo que habla. Pasé más de la mitad del libro pensando en el trabajo personal que tenía que haber hecho el autor para volcar en palabras las barbaridades que se le cruzan por la cabeza a un padre cuyo hijo nace con un problema cerebral.
Pero el viejo círculo nipon no puede cerrarse sin su autor fetiche y como mis allegados me conocen, me regalaron "El sonido de la montaña", de Yasunari Kawabata. A mi parecer, es una novela chiquita, comparada con sus otras obras, sin embargo conserva intacta toda la magia del autor de "Lo bello y lo triste" o "La pandilla de Asakusa", ambos mencionados en este mismo blog al que recurro en forma esporádica cuando quiero compartir algunas cosas. Comentarios, pareceres y otros intercambios culturales que hacen la vida más rica.

PD: Luego de Japón, volví a Kundera. Tal vez reseñe algo sobre eso y espero que sea pronto.