miércoles, 18 de agosto de 2010

La pandilla de Asakusa

No voy a contar la serie de causalidades y sincronías que me devuelven a la cultura japonesa. Sé que tengo deuda cultural pendiente con muchos artistas del pueblo del sol naciente, pero no tengo apuro. Los voy saboreando lentamente, como una golosina.

Que Kawabata es un clásico, no me cabe duda. Que fue un adelantado a su época, lo estoy descubriendo con cada cosa que leo de él. Pintó su tiempo y retrató a sus habitantes con una prosa altamente sensorial. Deslumbrado por todo lo que llegaba de occidente, no perdió nunca la raíz de su cultura y eso creo que lo hace más accesible a los occidentales a la vez que lo vuelve más japonés todavía.

Lo que se lee en "La pandilla de Asakusa", una de sus primeras obras, es como un japonismo a la inversa. Es cómo el occidentalismo va invadiendo la vida de Japón. Y los japoneses asisten a esta inundación embelesados, encantados.

La descripción de un barrio marginal en el filo del año 1929. La vida de la gente de la calle, las modas, las pandillas (tiernamente inocentes, en comparación con lo que han llegado a ser casi un siglo después), las actividades nocturnas, el vagabundeo plácido y pausado, cierto aire persecutorio y la trama que se va desgranando de a poco y termina siendo apenas una excusa para la descripción del barrio preferido de este premio Nobel.

1 comentario :

Maktub dijo...

Hay días en los que me pregunto qué extraña vida anterior me llevará a tener lazos tan fuertes con el espíritu de la cultura japonesa y la griega. Tal vez en alguna ocasión lo descubra y mientras tanto puedo ir acortando tiempo y distancias leyendo un libro, como por ejemplo éste que recomendas.