lunes, 20 de abril de 2009

Idiomas

Alabel escribió un post interesante sobre los idiomas, tirando la primera piedra y dejando lugar generosamente a la participación de la comunidad. Yo hice mi pequeño aporte, pero algo me quedó picando y como me suele pasar... el comentario se extiende y ramifica hasta que se transforma en post. Acá va.

Mi relación con los idiomas podría ser rastreada hasta la infancia. A mis diez años, cantaba en el coro de niños de un gran teatro y nuestro repertorio incluía canciones en las lenguas más variadas. Motetes en Alemán, Réquiems (mis favoritos) en Latín, Operas en Italiano, Villancicos en Inglés o en Castellano, Retablos en Portugues o en Gallego...
De ahí mi facilidad para la pronunciación de cualquier idioma por imitación. Y como el maestro que nos dirigía nos explicaba las letras de lo que cantábamos, se podría decir que ganaba un conocimiento mínimo del idioma. Para mi mente de niño curioso, ese gérmen de idioma se iba encadenando con conocimientos anteriores y con búsquedas de palabras nuevas en cuanto medio tuviera a mi alcance para generar una lengua rudimentaria que conservaba cierta semejanza con la original. Hoy puede ser muy fácil meterse en la web y aprender cualquier idioma. A mediados de los ochenta, Buenos Aires todavía no se había digitalizado y las bibliotecas y diccionarios eran los principales objetivos de ataque.
Así empecé mi idilio con los idiomas. Aprendí Inglés y Portugués, más o menos formalmente, entre el colegio y alguna institución (tengo una anécdota con la Cultural Inglesa de Buenos Aires que contaré en otra ocasión para que el post no se extienda demasiado). Son dos idiomas que hablo, leo y escribo con bastante fluidez y que me han servido mucho en mi actual trabajo. Italiano y Japonés, estoy aprendiendo de manera autodidacta, aunque no me vendrían mal unas clases de la mano de alguna profesora calificada. Francés y Alemán son mis dos asignaturas pendientes, pero hay una que viene ganando posiciones: el Chino. Habiendo crecido tanto la comunidad china en nuestra ciudad me parece que no aprender Chino sería desperdiciar una buena oportunidad. Y hablando de buenas oportunidades chinas:

Hace un par de años, en el bar de una esquina que queda cerca de casa, habían pegado un cartel tosco, escrito en imprenta con marcador en hoja de agenda que decía:
"Clase de chino.

Todo los jueves 7 de tarde.

Vale 1 cafe."

Durante tres jueves me desviví para salir lo antes posible del trabajo, pero fue imposible. Existe una regla que dice "Cuanto más apurado estés por salir a la calle, mayor cantidad de quehaceres te retendrán". Los tres jueves fueron de un ratito más, y otro más, y otro más. Llegaba al bar a las siete y media, para enterarme de que el sr. chino se había ido porque nadie había respondido a su mensaje. El cuarto jueves pedí salir diez minutos antes. Como tenía previsto, salí justo a mi horario formal de salida. Corrí como llevado por los demonios. Hasta le pedí al colectivero que por favor, hiciera lo más rápido posible. Llegué al bar con la lengua por el piso, el nudo de la corbata deshecho y los pelos parados. El dueño del bar me dijo que el chino no iba mas, que todo había sido en vano y que en este país nadie quiere ampliar su nivel intelectual accediendo a nuevos conocimientos.


Ese día aprendí a putear en Arameo.

martes, 14 de abril de 2009

Frases 001

La película "los años pantanosos de Kermit" ha sido muy criticada en su momento, pero con el tiempo, cada vez que la vemos le encontramos algo nuevo.

Para los que no la vieron, y estoy seguro de que ningún asiduo lector de este blog la vió, es una película para chicos hecha por Jim Henson, creador de los Muppets. Pero no me voy a extender en eso, ni voy a recomendar la película. Sólo voy a extractar algunas frases de esta película que hemos visto tantas veces que ya forman parte de nuestro acervo cultural-familiar y representan toda una filosofía de vida.


"Croacker -Toda mi vida pasó delante de mis ojos y... ¡Caramba! ¡Qué vida he tenido!"


"Croacker -Vamos sapo. No puedes vivir toda tu vida con temor.
Goggles -Claro que puedo."


"Croacker -wow! ya me siento un iluminado. (despues de haber comido una luciernaga)"


"Goggles -...tu tienes la fuerza de 10 ranas toro, en cambio yo tengo la fuerza de un paramecio acalambrado."


"Kermitt (viendo una de espadachines en el cine) -Yo quiero hacer eso.
Croacker -¿Pelear con dos palos? Ya lo hemos hecho. No es divertido.
Kermitt -No, yo quiero estar ahí, en el cine.
Croacker -Sólo miralos. Son planos y miden como 5 metros. No es lugar para una rana."

Definitivamente, Croacker se morfa la película.

lunes, 6 de abril de 2009

Vampiros

Aviso que el post es largo. Se recomienda una infusión, bocadillos y algo de tiempo libérrimo para leer a gusto. Este post iba a ser originalmente, un comentario en ésta entrada pero por su extensión lo transformé en post.

(yo avisé)

De chico, cuando todos se iban a dormir, mi mamá y yo nos preparábamos un té y nos disponíamos a ver la película de terror que pasaban en la trasnoche, justo antes del cierre de la programación (el famoso "Momento de Meditación"). Los más jóvenes tal vez no lo sepan, pero hace un cuarto de siglo sólo teníamos cuatro canales que terminaban su emisión entre la medianoche y la una de la madrugada. De aquél ritual edípico viene mi pasión por el genero fantástico -terror, ciencia ficción, etc.- Cine, literatura, comic, mitología... ninguna forma de arte o expresión fantástica de cultura que haya pasado cerca se ha salvado de mi voracidad.

La historia que pone este post frente a vuestros ojos es mi propia relación con Drácula, el vampiro. Tuve dos libros del Drácula de Bram Stoker. El primero lo presté y nunca más volvió. De joven aprendí que cuando un libro vale la pena ser leído, uno debe prestarlo sabiendo que existen altas probabilidades de que no sea devuelto. Y está bien que así sea. Siempre tuve la sensación de que los libros están con uno mientras se los necesita. Pero eso es parte de mi relación fetichista con los libros y otros formatos de vehículos de cultura.

Mis primeras incursiones en los diarios y cartas de Johnathan y Mina, de Van Helsing y el Dr. Seward me identificaron directamente con el vampiro. Identificación que fue reafirmada con cada libro que leía, con cada película que veía, desde el Nosferatu de Murnau con toda su espantosa monstruosidad al Drácula de Coppola, y los vampiros de Entrevista con el Vampiro, con toda su sensualidad. Pasando por Bela Lugosi, Cristopher Lee, David Bowie (El Ansia merece un capítulo aparte) y hasta Blackula, típica película de los '80s hecha toda con gente de raza negra y mucha (muuuuucha) música funky.
Obnubilado con la idea de una vida eterna, de adquisición de conocimientos, cultura, experiencias, pero tambien de una soledad más allá de todo límite -paraíso de cualquier adolescente romántico-, deseaba que un vampiro me asaltara por la calle y me vaciara de una vez y "para siempre".
La imagen del vampiro era mi más alta inspiración y aspiración. Pálido, flaco, siempre de negro, taciturno y solitario, eran los adjetivos que me caracterizaron desde los dieciseis hasta los veinticuatro años. Tenía mi banda de rock a la que le pusimos "Morticia" justamente por mi look de muerto vivo.

Luego ese libro se fue a hacer nido en otras mentes. Durante un tiempo me alejé de Drácula. Tomé otras formas, mi vida cambió por completo (o casi). Senté cabeza, formé familia... ya saben, lo habitual.

Un buen día, en un puesto de libros usados de plaza italia cambié una pequeña colección de revistas por el libro de Drácula que hoy ocupa un lugar en mi biblioteca. Su relectura era una obligación y fue llevada a cabo con obsesividad religiosa. ¡Qué placer volver a encontrarme con aquellos personajes, con aquellos lugares y aquellas situaciones!
Pero esta vez fue distinto. Entiendo que siempre es distinto. En las relecturas se encuentran cosas nuevas y las mismas palabras, a la luz de nuevos conocimientos cobran nuevos significados. Sin embargo, cuando digo que fue distinto me refiero a otra cosa. Algo había cambiado en mí; en mi manera de ver el mundo, en mi escala de valores y empecé a ver al vampirismo tan admirado y ansiado en su verdadera monstruosidad. El Drácula de Stoker me parecía desagradable y repugnante. Pasando la mitad del libro me di cuenta de que me había puesto del lado de Van Helsing, con quien ya estaba totalmente identificado. Imaginense; tantos años viviendo a la sombra del vampiro. Conocía sus virtudes y sus debilidades. Sabía qué lo nutría y qué podía matarlo.
Sí. Van Helsing pasó en una sola lectura a formar parte de mi panteón de heroes y el Conde Drácula tomó por fin el lugar que le correspondía desde el principio. El lugar que le dió su autor. El del monstruo al que hay que temer y destruir.

Hace tiempo ya que leí el libro por última vez. Unos cinco años, aproximadamente.
Dos preguntas y una reflexión me quedan como cierre de este post tan extenso (aunque no lo crean es la mitad del original que escribí a mano en mi cuaderno de notas).

Pregunta uno: Si volviera a leerlo... ¿con quién me identificaría? Es una pregunta personal. Muchas cosas han pasado en cinco años y pienso que tal vez, Drácula puede servirme como medidor de todos estos cambios a los que nos somete la vida.

Pregunta dos: ¿En verdad existe una historia de amor entre Mina y el Conde Drácula?
Sí existe la hipnosis a la que recurre el vampiro para atraer a su presa. Pero me parece que toda esta cosa de la esposa del guerrero (Vlad Tepes, el empalador) empujada al suicidio por un ardid enemigo, la maldición del vampiro frente al altar y el reencuenro del Conde con la reencarnación de su antiguo amor ("El amor nunca muere" rezaba el subtítulo de la película de Coppola) son ardides comerciales que ensuciaron lo que podía haber sido un buen filme de un reconocido buen director. Me parece que los enamorados eran Johnathan y Mina. De lo otro no había nada en el libro. Al menos a la distancia, yo no lo recuerdo. No sé... llevando el título de "Bram Stoker's Dracula", esperaba encontrarme con algo mas "apegado" al libro.

Y la reflexión es para el autor.
Me parece injusto que el nombre de Abraham Stoker haya quedado ligado a esa obra sola, siendo que fue un escritor que debe haber escrito unas cuantas cosas más. He leído un par de cuentos cortos y me parecieron muy buenos. Y termino haciendome la promesa de investigar un poco a ver qué más puedo encontrar.

Eso. Gracias por leer hasta acá.

miércoles, 1 de abril de 2009

Grosa

Sos grosa.
Te leo y sos más grosa!
Me emociono al leerte y eso te hace mucho mas grosa todavía.
Escribís de una manera que a veces me hace reir y sos lo más de la grosura.
Hace mucho que te leo y tuve tiempo de sobra para entender que la grosazón es tu marca de fábrica.
Encima... sos tan grosa que la grosedad te queda chica.

Ya sabés quien sos, no hace falta más.
Te dejo un beso y la seguridad de que mi mail/msn estan a tu disposición.

Este ha sido un confianzudo mensaje de solidaridad bloguera. Si ud. no se siente identificado, siga de largo al siguiente post porque no captó la onda.