lunes, 18 de mayo de 2009

De principes y princesas

Hoy, comentando éste post me sucedió lo habitual: me fui al carajo. Y como suelo hacer cuando eso me pasa, el comentario se transforma en post.
Dos cosas voy a decir antes de dejarlos en soledad con el escrito mencionado.
una - no está escrito... está escupido. Es decir que no tiene ningún tipo de censura previa. (tampoco creo que sea muy censurable. He visto cada cosa...)
dos - sé que me voy a cosechar unos cuantos odios, pero hoy todo me importa un pito.


Los tiempos han cambiado mucho desde que el Sr. Andersen se mudó al otro barrio.
Desde la perspectiva del hombre, tener que rescatar a la princesa para completar la obra (ya saben... plantar un árbol, rescatar a una princesa, hacerle un hijo y escribir un libro contando lo groso que estuvo todo eso) es una carga demasiado pesada que se agrega a lucha por la supervivencia en la vida moderna si la princesa no pone lo suyo porque tiene que lidiar con (justamente) la vida moderna.
¿Está muy complicado? Veamoslo así: El hombre llega a casa luego de un día de trabajo (no agreguemos adjetivos como "cansado" o "agotador")... el cazador que retorna a la cueva con la presa; el conquistador que regresa a su castillo con una nueva victoria en las alforjas; el guerrero que vuelve de la batalla buscando el mullido reposo en el pecho amado (¿dije "pecho"? ¿debería haber dicho "lecho"? ya saben que del dicho al lecho hay un largo trecho -al menos para nosotros-) y en vez de encontrarse con su princesa impecable y rebosante de amor, en vez de encontrarse con su Dulcinea que lo espera con una cena que promete amor exquisito, en vez de encontrarse con la hembra que no tiene otra cosa que a su hombre y se le entrega en cuerpo y alma, se encuentra con una nota que dice
"Voy derecho del laburo a la facu y despues a estudiar a lo de una compañera.
No me esperes, vuelvo tarde.
xxx
pd: fijate que hay en el freezer."

Descontando que lo de la compañera tiene olor a chongo -otra de las delicias que nos depara el feminismo moderno- agregamos a eso los hijos. Ahí todo se complica más, porque a la nota anterior deberíamos agregar
"pasá a buscar a los chicos por lo de mi mamá"
con lo cual, ser el héroe de la historia se vuelve una tarea casi imposible, dada la gran dificultad que conlleva sostener el altivo perfil griego frente a semejante despliegue de cotidianeidad.
Pero uno sigue firme en su papel de príncipe azul y se baja unos fideos con café y magdalenas, té verde, dos alfajorcitos de maicena, y media frutera (banana, manzana, mandarina y kiwi), enciende la computadora, abre una lata de cerveza y espera. Lava los platos y espera. Prepara la cama y espera. Se da un baño y espera.
Finalmente llega, la princesa del garbanzo, hecha una piltrafa porque en el trabajo la tuvieron de aquí para allá con unas entregas, en la facultad le preguntaron cosas de un apunte que no tuvo tiempo de leer y la amiga le derritió la cabeza contandole lo mal que se lleva con el marido y lo bien que se lleva con el chongo (¿ya dije lo del feminismo moderno? Ah... sorry, debe ser el alemán). Además de haber hecho trámites impositivos, movimientos bancarios y pagos de servicios varios, encima se peleó por teléfono con la mamá porque ya le prohibió muchas veces que los nenes vean televisión mientras comen y la vieja insiste con la caja boba.

-¿Y vos?
-Naaada... yo fui al trabajo y volví del trabajo... lo de siempre.

"Lo de siempre"... Lo que viene haciendo el hombre desde hace tanto tiempo: Trabajar para traer el pan. Parar la olla. Pagar los gastos. Ganar un sueldo que nunca parece alcanzar.
Ya ven que no es tan fácil ser el principe de los sueños. Pero uno insiste y sigue adelante con el rol y saca del freezer un kilo de helado que compró para compartir con ella, prepara dos tacitas, dos cucharitas, la bandeja y cuando llega a la cama que huele a promesa de lujuria, a trasnoche aurora grundig, se encuentra a su Cenicienta convertida en la bella durmiente del bosque. Bella, si... pero durmiente y roncando como un leño.
-Mejor, más helado para mi-
piensa el cavernícola que comprende el cansancio y el agotamiento de su conyuge, pero que no entiende por qué se siente tan pelotudo. Por qué sigue jugando ese papel que está tan demodé.

5 comentarios :

Luciana dijo...

Me encanto la entrada, me reí mucho, aunque no estoy segura que sea tan gracioso, jajaja.
Es difícil ser príncipes de princesas enmancipadas, pero vale la pena, ¿no?

Hormiguita dijo...

"Pero uno sigue firme en su papel de príncipe azul"

jajajaja espera! Es la primera vez que escucho=leo a alguien hablando del lado masculino del cuento de Adas, porque casi siempre las adas como son las madrinas de las princesas le dan mas rollo a ellas.

Pero para matarla, al final desaparece el principe y se convierte en cavernicola...Tenia que suceder!
jajajaj

H.- dijo...

@Luciana: Es cierto lo que decís. Es difícil ser príncipes en esta época de princesas emancipadas. Nunca mejor dicho. Y sí... la idea es reirse un poco de algo que a veces puede ser catastrófico.

@Hormiguita: Es que siempre está la princesa llorando porque el príncipe no aparece. ¿Y qué tal si el príncipe ya está? ¿eh? ¿Cómo sigue la cosa?

Tuky dijo...

Si, mire, pasaba por el blog sólo para dejarle un pedido.
Si ve a mi príncipe por ahí dígale que ya no lo busco, que ponga más huevos si pretende que nos encontremos.
De paso, aclárele que me lleva 25hs. al día pensar en mi alma y que no tengo tiempo de andar tejiendo esperas.
Y de PD tírele, así como al pasar, (por si anda medio abombado el pobre) que el amor no es como en los cuentos y que no me quedan bien las trenzas rubias, ni dormirme la vida esperando comer perdices

Natalia Alabel dijo...

Nada que ver, pero hay una hermosa película para chicos, de Michel Ocelot (francés) llamada "Príncipes y Princesas". La recomiendo.